Perdonar infidelidad a tu pareja, ¿si o no?

Es una pregunta que seguro que nos han hecho y nos hemos hecho muchas veces, ¿Serías capaz de perdonar que tu pareja te engañara con otra persona? Primero hay que puntualizar que engañar a la pareja es faltar a los términos que se establecen al principio de una relación, sea cerrada, semiabierta, abierta o entreabierta. Aquí hablamos de si seríamos capaces de perdonar que no se “cumpla” con ese contrato, sea el que sea. Está claro que todas las personas nos equivocamos y hacemos cosas mal alguna vez, y que el perdón y el ser perdonados forma parte de la vida y de las relaciones, pero también está claro que no todo se puede perdonar, que hay errores en diferentes grados, y que todos tenemos que elegir donde ponemos los límites. No existe el amor incondicional, y está bien que así sea, que haya unos límites que marquemos, los que nosotros consideremos correctos. El punto está en que hay diferentes tipos de límites y muchos pueden ser válidos ¿Qué significa esto? Que hay personas que pueden llegar a perdonar una infidelidad y otras que no, depende mucho de la persona y de su historia, y ambas respuestas pueden ser válidas. No me interesa tanto si está bien perdonar una infidelidad o no porque, como hemos dicho, es algo muy personal y no hay una respuesta universal y válida. Me interesa más hablar de las razones que nos lleva a hacerlo, y de asumir las consecuencias que conlleva el perdonar. 

¿Qué lleva a una persona a perdonar un engaño de su pareja?

Para contestar a esto debemos irnos a la base del concepto “perdonar”; perdonar significa aceptar lo que ha sucedido y una especie de “reconciliación” con la persona que te ha hecho algún daño.  Pensemos en nuestra vida, más allá de poner cuernos. Hay muchas ocasiones donde las personas nos hacen daño, y quién más quién menos, todos hemos perdonado algo alguna vez ¿En qué nos basamos las personas para ser capaces de perdonar algo? El perdón suele estar asociado a factores como a si no hubo intención de hacer daño, a entender y conectar con las causas que lo produjeron, a la intensidad y consecuencias del daño causado, a si ha habido intentos de reparación del dolor, pero sobre todo, a si existen posibilidades de reparación, y a si confiamos en que no vuelva a repetirse… Todas estas preguntas está bien repasarlas cuando nos planteemos el por qué estamos perdonando a alguien, nos darán una guía y un mapa mucho más claro que nos ayudarán a formarnos una postura y tomar una decisión. 

Que tu pareja te engañe duele, duele mucho, sientes que se rompe algo por lo que habías apostado y que llevas mucho tiempo cuidando. Perdonar y superar una infidelidad supone recomponer el orgullo, la dignidad, el amor propio, la confianza, la seguridad… no solo en ti, también en la otra persona. Por eso es que esto no va solo de si perdono o no, esto va de si perdono y además vuelvo a dar una oportunidad de reconstruir la pareja asumiendo las consecuencias de lo que eso implica. 

Hay veces que perdonamos un daño pero se hace muy difícil volver a sentirse cómodo/a dentro de esa relación, donde el engaño y el haberlo pasado tan mal hace muy difícil o imposible recuperar la confianza, la seguridad, la complicidad, esa reconciliación con la otra persona y con uno mismo que una relación necesita para poder sobrevivir. Reconstruir todo eso que se rompe tras un engaño es un trabajo muy duro, tanto para la persona que es dañada y trata de volver a estar bien dentro de la relación, como también puede serlo para la persona que hizo ese daño y está tratando de repararlo. Es algo que lleva tiempo, donde ambos tienen que poner mucho esfuerzo, comunicación, respeto de los ritmos de la reparación y volver a conectar con los cimientos de la relación. La terapia puede ser una ayuda en ese proceso de sanación y reconstrucción, pudiendo explorar todos los temas comentados y donde el objetivo es ver si es posible esa reconciliación y en ese caso trabajar para poner unas bases firmes y sanas para el futuro de la relación. 

Así que en resumen, si estás en esa situación, plantéate, no sólo si estás dispuesto a perdonar, sino también a asumir las consecuencias de hacerlo. 

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